Hay una sensación que muchos líderes conocen bien, aunque pocos la nombran: llegar al final del día agotados no por lo que hicieron, sino por todo lo que decidieron. La reunión que autorizaron, el presupuesto que aprobaron, el conflicto de equipo que resolvieron, el proveedor que eligieron, la comunicación que validaron. Decisiones, decisiones, decisiones.
Lo curioso es que, cuando pregunto a los CEOs y directivos con los que trabajo cuántas de esas decisiones fueron realmente suyas, es decir, tomadas desde un lugar consciente, con claridad y en alineación con lo que genuinamente querían hacer, la respuesta suele generar un silencio incómodo.
Porque muchas no lo fueron.
El modo automático también existe en los niveles más altos
Solemos asociar el ‘piloto automático’ con la rutina, con las tareas operativas, con ‘lo de siempre’. Pero el modo automático no distingue jerarquías. También opera en una sala de directorio, también aparece cuando llevás años en un rol y ya sabés cómo se hace todo, también se activa cuando la presión del entorno es tan fuerte que decidir rápido parece más inteligente que decidir bien.
La fatiga decisional es un fenómeno real y documentado: cuanto más decidimos a lo largo del día, más se deteriora la calidad de nuestras decisiones. No porque seamos menos capaces, sino porque nuestros recursos cognitivos y emocionales se van agotando. El problema es que en los niveles ejecutivos, las decisiones no paran. Y cuando todo urge, cuando el equipo espera, cuando el mercado no da respiro, las decisiones empiezan a tomarse desde la inercia, desde el hábito, desde lo que siempre se hizo, o simplemente desde el cansancio.
¿El resultado? Decisiones que parecen tuyas, pero en realidad no lo son del todo.
¿Qué hace que una decisión sea realmente tuya?
Una decisión es tuya cuando la tomás desde un lugar consciente: sabés qué querés lograr, conocés tus valores y los de la organización, evaluaste las opciones disponibles aunque sea brevemente, y asumís la responsabilidad del resultado, cualquiera sea.
Una decisión no es tuya cuando:
→ La tomás para evitar un conflicto.
→ La tomás porque es lo que se espera de alguien en tu rol.
→ La tomás porque no tenés energía para pensar otra alternativa.
→ La tomás porque así se hizo siempre.
→ La tomás porque alguien más urgente que importante te presionó para que lo hicieras.
Ninguna de estas es una decisión consciente. Son respuestas. Y hay una diferencia enorme entre responder y decidir.
Tres preguntas para recuperar el mando
No se trata de revisar cada decisión del día en profundidad, eso sería inviable. Se trata de incorporar un hábito simple que interrumpa el automático antes de que actúe por vos.
Antes de tomar una decisión que tenga peso, hacete estas tres preguntas:
1. ¿Esto está alineado con lo que realmente quiero lograr?
No con lo que es urgente, no con lo que esperan. Con lo que vos, desde tu rol y desde tu criterio, identificás como prioritario.
2. ¿Lo estoy decidiendo desde la claridad o desde el agotamiento?
Esta pregunta sola puede salvarte de errores costosos. Si la respuesta es ‘desde el agotamiento’, la decisión puede esperar o delegarse. Si no puede esperar ni delegarse, al menos sabés desde dónde la estás tomando y eso ya cambia algo.
3. ¿Puedo hacerme cargo del resultado de esta decisión?
No me refiero a la responsabilidad formal que te da el organigrama. Me refiero a si podés pararte frente a ese resultado, bueno o malo, y decir ‘esto lo elegí yo’. Si la respuesta es no, revisá qué está pasando.
El liderazgo empieza en las decisiones pequeñas
Tendemos a creer que el liderazgo se juega en los grandes momentos: la estrategia anual, la reestructuración, la expansión a un nuevo mercado. Pero en realidad se construye en lo cotidiano, en las docenas de decisiones que tomamos cada día sin darnos cuenta.
Cada vez que decidís desde la conciencia, estás ejerciendo liderazgo. Cada vez que delegás porque es lo correcto y no porque no querés lidiar con algo, estás ejerciendo liderazgo. Cada vez que pausás antes de responder, estás ejerciendo liderazgo.
Y cada vez que decidís en modo automático, también estás enviando un mensaje, a tu equipo, a tu organización, y sobre todo a vos mism@.
Entonces, ¿cuántas de las decisiones que tomaste hoy fueron realmente tuyas? ¿Y cuántas te gustaría que lo fueran?
Por Vero Salatino, speaker y consultora en comunicación estratégica, Head & Founder de Makana Comunicación Estratégica & Coaching Ejecutivo.

