Conozco a más de un presidente de Pyme que convoca un proceso de mejora de la comunicación con sus equipos y, encuentro tras encuentro, repite la misma queja: que nada avanza, que las tareas no llegan a tiempo, que las propuestas que pide nunca aparecen. Es una queja legítima, porque espera resultados de un proceso en el que está invirtiendo tiempo y recursos; pero cuando escucho a sus equipos, el foco cambia por completo. Describen a un líder que da instrucciones que da por sentadas, que reacciona con dureza cuando algo no sale como él lo imaginó y que, cuando alguien se anima a proponer algo distinto, lo corrige ahí mismo, delante de tod@s.
La queja se repite con las mismas palabras, encuentro tras encuentro. Y ahí está el dato que a él le cuesta ver: cuando algo se repite una y otra vez de la misma forma, deja de ser un problema puntual del equipo y se convierte en un patrón, y los patrones cuentan más sobre quien los genera que sobre quien los sufre.
Es un patrón que se repite en distintas industrias y en distintos tamaños de empresa: hay líderes que convocan reuniones para mejorar la comunicación de su equipo y terminan, sin registrarlo, hablando el ochenta por ciento del tiempo, pidiendo participación mientras ocupan el mismo espacio que dicen querer abrir. En todos los casos el pedido es sincero, porque genuinamente quieren que las cosas cambien; lo que no logran ver es que están pidiendo un cambio que excluye la única variable que realmente pueden mover, que son ell@s mism@s.
Por qué la queja que se repite no habla de tu equipo, sino de tu comunicación
Cuando sos líder, es fácil escuchar la queja recurrente como una acusación hacia el otr@: no se comprometen, no proponen, no entienden lo que se les pide. Pero la queja que se repite funciona más como un síntoma clínico que como una sentencia, aparece una y otra vez porque la causa que la produce sigue intacta. Podés cambiar la consecuencia, llamar la atención, exigir más, incluso cambiar a la persona, pero si no tocás la causa, la queja vuelve la semana siguiente con otro nombre y el mismo contenido.
La pregunta que cambia todo no es qué le pasa a tu equipo, sino qué estás generando vos, con tu forma de comunicar, para que esto se repita. Es una pregunta incómoda, porque corre el eje de a quién hay que cambiar, y esa incomodidad suele ser la señal de que estás cerca de algo real.
Cómo chequear si tu comunicación es tan clara como creés
Hay una forma simple de chequear esto la próxima vez que la misma queja te vuelva a aparecer en la cabeza. Antes de nombrarla en la reunión, preguntate qué le pedís exactamente a la otra persona y si alguna vez le pediste que te repita, con sus propias palabras, qué entendió. Preguntate también si estás dispuest@ a que la solución incluya un cambio en tu forma de comunicar, o si en el fondo esperás que el cambio sea unidireccional. Y preguntate, por último, si lo que llamás obvio alguna vez fue puesto en palabras y consensuado con tu equipo, o si simplemente asumiste que el otr@ lo iba a entender igual que vos.
Esto no reemplaza la exigencia ni el estándar alto: un liderazgo que no exige resultados tampoco construye equipos sólidos. Lo que cambia es dónde poner primero la mirada. Antes de pedirle al equipo que ajuste algo, chequeá si tu comunicación fue tan clara como creés, porque la cultura organizacional que construís se parece mucho más a cómo comunicás en tus peores días que a lo que decís que valorás en una presentación.
Qué cambia cuando el líder se incluye en la ecuación
El cambio suele empezar cuando es@ líder deja de centrar la conversación en lo que el equipo no hace y se pone a mirar qué pasa en el momento exacto en que da una instrucción: qué palabras usa, qué da por entendido, cómo reacciona si alguien pregunta de más. No es cómodo, porque implica incluirse en la ecuación del cambio, algo que la mayoría evita hasta que no le queda otra. Pero apenas empieza a chequear si lo que entiende por “está clarísimo” coincide con lo que su equipo entiende, las propuestas empiezan a aparecer.
La queja que se repite no prueba que tu equipo no da más. Es la invitación a mirar qué parte de la ecuación todavía no estás dispuesto a mover, y esa suele ser, casi siempre, la parte que más transforma cuando finalmente la tocás.
Por Vero Salatino, speaker y consultora en comunicación estratégica, Head & Founder de Makana Comunicación Estratégica & Coaching Ejecutivo.

